
Los ayeres suenan en mi música,
lo que está lo hace sin saber que está,
lo que persiste es por la terquedad de seguir,
lo que se fue regresa siempre a la escena del crimen.
Un eterno retorno, deseoso de volver a ser,
una cobarde fotocopia, miedosa de ser algo nuevo,
un eterno Yo, que se repite compulsivamente,
evento no exitoso que se desmarca de todos.
Es la hora de la basura cósmica, de tu cara,
remendando tobilleras, endulzando el té,
haciéndole el amor a cualquier cualquiera,
deseando morir en el intento, bebiendo, desafiando.
El balcón en Prusia conmina a un fracaso perpetuo,
las sombras que se buscan con el temor de encontrarse,
la razón limítrofe concedida por proyección angustiosa,
de un dios ausente y silencioso que grita enmedio de un bosque.
Larbas se comen mis ojos, los pobres tienen voz,
cojer solo por el gusto de fumar después,
vaciando el vacío en un cuerpo vacío, degenerado.
Cerveza, putas, cigarros, rock n roll...








